“Sofía (nombre ficticio) es una chica a la que le gusta conocer gente nueva. Ella tiene treinta y cinco años, es hermosa, simpática, dueña de una pequeña empresa, pero todavía está soltera.” El "todavía está soltera" no tiene nada que ver con el hecho de que ella tenga treinta y cinco años, sino con el historial de chicos que ella ha rechazado. A lo largo de los años, varios chicos intentaron conquistarla, pero ella se resistió a todos.

Dos de ellos en particular eran:

- buenos partidos,

- guapos,

- trabajadores,

- tomaban en serio los estudios,

- de familias respetables,

- querían tener una relación seria

Aun así, ella permaneció irreductible y no aceptó tener una relación con ninguno de los dos. Hoy en día los dos chicos están casados y ella permanece soltera y sigue intentando conocer gente nueva a quienes sigue rechazando. ¿Sabes por qué Sofía está soltera a los treinta y cinco años? Porque ella cree que solo debe iniciar una relación con la persona elegida para ella. ¿Conoces a alguien así? Hay muchos jóvenes que piensan como Sofía. Creen en la existencia de una persona elegida por Dios, el Universo, la Divinidad… para salvarlos de la soledad.

En la teoría todo esto es muy bonito, tan hermoso que ha rendido millones de dólares a las arcas de los productores de filmes estadounidenses que aseguran la existencia de un alma gemela. Este mito del alma gemela fue creado por Platón. En su libro "El banquete" el personaje Aristófanes toma la palabra: él hace un discurso tan hermoso que se eternizó como la teoría del alma gemela.

Entonces, sin ánimos de acabar con el sueño de Cenicienta de muchas o con la idea príncipe azul tan bien sostenida por tanto tiempo, cuando se trata de conocer gente nueva y conciliar una relación de parea, la idea es entender que tenemos plena responsabilidad ante esa elección. Es decir, no hay una persona adecuada, lo que existe es la elección correcta. Nosotros decidimos y elegimos con quién estaremos y no podemos solo sentarnos a esperar que el Universo tome la decisión. Un consejo: no seamos tan exigentes en dicha elección y busquemos ver la belleza interna del otro más que la belleza física.